Los patosos somos legión

14 Oct Los patosos somos legión

Fecha de emisión: 18/09/2013
Minuto: 20:00

Muy buenos días, gente despierta. Ya saben el dicho de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿verdad? Pues he de decirles que entre los hombres destacan, o destacamos, mejor dicho, unos hombres especiales que no tropezamos dos veces con la misma piedra, sino muchas veces más. Hablo de los patosos.

Yo soy patoso desde que tengo uso de razón y cultivo este arte milenario con mucho esmero. Todos los días me levanto y tropiezo con algo, a veces tropiezo con el borde de la cama, otras veces tropiezo con el armario, otras veces tropiezo con la puerta del baño y todos, absolutamente todos los días, tropiezo con la realidad.

Mi cuerpo está lleno de moratones, pequeñas heridas y rozaduras. A mi no me importa, me siento como un gladiador romano, con mis heridas de guerra. Vale que no me enfrento a leones o a osos, sino a objetos inertes y estáticos, pero es mi imaginación y la uso como quiero.

Lo peor de ser un patoso compulsivo es que no solo tropiezas con los objetos inanimados, sino con las personas. ¡Cuantos pies habré dejado yo negros bailando frente a la orquesta en las noches de verano! ¡Cuantos sustos habré provocado en la gente cuando me ve caer por la calle! ¡Cuántos malentendidos con bellas señoritas al abalanzarme sobre ellas en un claro tropiezo fruto de mi torpeza!

Lo peor de ser patoso es que no es una enfermedad, uno no puede pedir la baja por ser patoso. Yo una vez fui al médico todo dolorido porque había tenido un día especialmente patoso. Entré a la consulta quejándome (ruido de queja de Peter Griffin) y el doctor me dijo: ¿Pero qué le pasa, buen hombre? Y le dije: Pues nada, doctor, que es que soy patoso. Y me echó porque pensó que le estaba gastando una broma.

El caso es que los patosos perennes hemos generado, con el paso de los años, una serie de técnicas e ideas muy útiles para no acabar dando nuestro último tropezón. Por ejemplo, acolchar los bordes de la cama, usar siempre manga larga, usar calzado sin cordones y un largo etcétera.

Y aún así, a pesar de todos los cuidados y precauciones, los patosos empedernidos seguimos tropezando una y otra vez con la misma piedra. A veces pienso que nuestro cerebro funciona solo y que además es un poco masoquista.

Antes de despedirme por hoy y tropezar con la puerta del estudio de Radio Nacional, quisiera dejarles con una reflexión matutina: Si los domingos son para estar con la familia…¿Qué hace la mafia? ¿Se quedan solos en casa para variar?

Que tengan un buen día.

 

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