Los paraguas no son lo que parecen

24 Mar Los paraguas no son lo que parecen

Fecha de emisión: 10/10/2013
Minuto: 32:30

Buenas tardes, queridos oyentes. Al fin hemos entrado en el otoño de forma oficial. Y no lo digo por el cambio de estación, ni por el cambio de hora, ni siquiera por la caída de las hojas de los árboles. Lo digo porque el otro día recibí mi primer paraguazo en un ojo de este año.

Ese es el verdadero pistoletazo de salida del mal tiempo, cuando te clavan un paraguas en un ojo. Y es que los paraguas son un invento del mismísimo demonio, son armas de destrucción masiva, son un peligro para el viandante y lo peor, son una auténtica plaga.

Con las primeras lluvias del otoño, los paraguas salen de los armarios dispuestos a causar el efecto contrario a su razón de ser. Porque por mucho que digan, los paraguas no protegen de la lluvia. ¡Los paraguas mojan más! Sobre todo los paraguas ajenos.

Los paraguas de los demás nos mojan al pasar a nuestro lado, o cuando vamos por una calle estrecha y nos cruzamos con alguien, que uno de los dos tiene que levantar el paraguas y torcerlo, con lo que el agua que hay encima, moja al otro.

Y cuando llegamos a casa, el paraguas está empapado, así que mojamos el portal, las escaleras, el ascensor y el cachito de pasillo que hay hasta el paragüero. Eso en caso de que tengamos paragüero, porque mi piso es tan pequeño que tuve que decidir entre paragüero y plato de ducha, y aunque me costó decidirme, al final me decanté por el plato de ducha, más que nada porque puedo dejar ahí el paraguas mojado y ducharme al mismo tiempo. Este es el espíritu de cierta mueblería sueca, más utilidad en el menor espacio posible.

En definitiva, que el paraguas moja más. Pero no solo eso, sino que además puede provocar lesiones oculares, por culpa de las ballenas. Que por cierto, viendo el tamaño de algunos paraguas, no me extraña que se llamen ballenas a esas jabalinas mortales que tienden a clavarse en ojos y orejas ajenos.

Y hablando de tamaños, si nos referimos a paraguas, el tamaño si importa. El tamaño, la forma y el color. Y en esto si que se ha innovado en los últimos años.

En primer lugar está el clásico paraguas negro de tamaño medio. Este es un paraguas de señor, austero, discreto y tranquilo. Luego está el paraguas negro retráctil, que es más pequeñito y cuando le das a un botón se estira y se abre de golpe, salpicando a todo el mundo. Hay otra versión del paraguas retractil, que es el paraguas retráctil de chica, que es pequeñísimo y cabe en el bolso. Es muy mono pero cuando lo abres dos veces ya se estropea.

Y luego está el paraguas de señora sofisticada, que es este paraguas que en lugar de parecer un paraguas, parece un secador de peluquería, esos redondos que parecen cascos de astronauta. Estos paraguas están diseñados para las señoras que no quieren estropearse el peinado con la lluvia y además, como tienen las ballenas hacia abajo, no se clavan en nadie.

En fin, queridos despiertos, si tienen ustedes paraguas, planteense dejarlo, porque solo sirven para que con un golpe de viento se pongan del revés y se lleven un disgusto. Y un consejo: Como diría Nacho Vidal, la mejor protección es un buen capuchón. Que tengan un buen día.

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