La democracia somatiza sus problemas

07 Oct La democracia somatiza sus problemas

Fecha de emisión: 13/09/2013

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Muy buenos días, gente despierta. Como saben, cuando tenemos algún problema, sufrimos o nos cabreamos, el cuerpo humano reacciona somatizando esas sensaciones y sentimientos provocándonos dolores de cabeza, problemas estomacales, contracturas y cosas peores. A menudo no sabemos porqué nos duele algo, pero probablemente sea un reflejo de nuestros problemas.

Pues bien, a esta nuestra democracia le ha pasado algo parecido. Ironías de la vida, pero como sabrán, el otro día se inundó el Congreso de los Diputados. Vamos, se llenó de agua por la rotura de una lona y una parte del recinto quedó enfangada. De hecho, el presidente del congreso, Jesús Posada, tuvo que suspender el pleno.

De alguna forma, la mente de nuestra democracia, que es muy sabia, decidió por si misma somatizar los males de nuestro tiempo en forma de torrente de agua, lanzando un claro mensaje a la clase política.

Y es que, desde hace un tiempo, tenemos la impresión de vivir en un lodazal en el que los dirigentes se dedican a todo menos a dirigir y eso, hace que la pobre democracia se queje. Hoy una pequeña inundación, mañana un par de plagas, pasado el apocalipsis zombie. Tiempo al tiempo.

Yo trataría de tener un poco más de cuidado con la democracia y hacerle revisiones médicas más a menudo. Chequeos rutinarios en busca de males que pudieran estar engendrándose en su interior. Un debate sobre el estado de la nación por año no es suficiente. Yo creo que la democracia necesita tacs, radiografías, escáneres e incluso sesiones de terapia mental casi a diario.

La pobre democracia ya pasa de la treintena y a estas edades, aunque la juventud todavía acompaña, hay cosas que ya no es tan fácil hacer. Como ser ágil y moverse al compás de los nuevos tiempos. Parece como si nuestra democracia fuese al rebufo del resto, a veces incluso de farolillo rojo con sus compañeras europeas.

Y con este clima de crispación y acusaciones cruzadas, la pobre no duerme por las noches y da vueltas y más vueltas en su cama de agua. Por las mañanas, nuestra democracia se levanta con ojeras y con mala cara. Imaginen como se pone cuando hojea los periódicos mientras se toma una tostada quemada por los incendios. Se mira al espejo y no se reconoce.

Pero nuestra democracia hace de tripas corazón y sale a la calle con una sonrisa, diciendo: aquí estoy yo para sosteneros a todos. Nada podrá conmigo.

Pero luego, en la intimidad, cuando queda con sus amigas democracias en una cafetería de Bruselas, se echa a llorar y dice que como siga así lo deja y se va a instaurarse a algún país que la vaya a tratar mejor.

Espero que hoy no le demos demasiados disgustos, que si no se va a pasar el fin de semana vegetando en el sofá.

Que tengan un buen día.

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