22 Jul Apariencia y realidad

Buenos tardes, queridos oyentes. Imagino que todos ustedes saben que los filósofos presocráticos, es decir, los que vivieron antes de Sócrates, creían que había una disociación entre la apariencia y la realidad.

Para entendernos, que una cosa es lo que vemos y otra lo que en realidad es. Y fíjense lo que son las cosas, que tras un par de milenios, yo he llegado a la misma conclusión que Tales de Mileto, Heráclito o Parménides.

Les pongo un ejemplo claro de disociación entre apariencia y realidad: Aparentemente parece que se cosas sobre filosofía griega, pero la realidad es que lo estoy leyendo en la wikipedia. ¿Qué dice eso de mi? ¿Que soy un inculto o que soy un tipo resolutivo? Eso ya lo dejo para el ojo del que mira, o la oreja del que escucha.

Más ejemplos de apariencia versus realidad: El postureo. En apariencia la beautiful people es gente sofisticada, segura de si misma, con una frase ingeniosa siempre para soltar en el momento oportuno… pero la realidad es que ellos, como nosotros, si no nos duchamos, olemos mal.

Más datos. Aparentemente somos capaces de elegir libremente lo que queremos hacer en la vida, pero en realidad siempre nos compramos los yogures que vemos anunciados en la tele y los pantalones que le hemos visto a nuestros vecinos.

Aparentemente Estados Unidos es un país íntegro y decente, pero realmente es un país que espía los teléfonos del resto de dirigentes del mundo.

Aparentemente la culpa de la crisis la tenemos los españoles que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades pero realmente la culpa de la crisis es los gobiernos anteriores, del concilio de Trento y de los mercados, que son cosas a las que es fácil echar la culpa porque o o bien son pasado o bien no sabes exactamente lo que son.

Aparentemente el cine español no es una industria y la piratería está acabando con él, pero realmente lo que ocurre es que si bajamos los precios de las entradas, las salas se llenan.

Aparentemente el fútbol es un deporte que mueve pasiones pero realmente es una distracción, una cortina de humo para no dejarnos pensar en cosas posibles y radicales soluciones para los problemas del país.

Aparentemente los programas del corazón son televisión, pero realmente son un síntoma del adormecimiento de la sociedad.

Como ven, aparentemente los filósofos presocráticos parecen unos tíos muy listos, pero realmente no tienen mucho mérito, ya que en aquella época no había internet, ni fútbol, ni programas del corazón así que no tenían otra cosa que hacer más que filosofar. Así filosofa cualquiera. Qué duda cabe.

Texto correspondiente al capítulo s04e08 (27/10/2014) de Qué duda cabe, columna de opinión cómica que se emite todos los lunes a las 19:35 en La Ventana de Radio Coruña Cadena SER

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