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16 Sep 30

Llegó el día. Se acabó lo que se daba. Acabo de engrosar las filas de los hombres de mediana edad que no tienen ventajas fiscales, ni descuentos de bonobus, ni hipotecas rebajadas, ni posibilidad de participar en series de instituto como alumnos, ni aparecer en las listas de jovenes ricos y famosos…

He cambiado de dígito y no se todavía como va a afectar eso a mi contínuo espacio-tiempo, a mi día a día ni a mi noche a noche. ¿Que si noto algo? Hombre, si, un poco de miedo, porque ahora se supone que la barriga crecerá por si misma (y no por méritos propios que es lo que estaba haciendo hasta ahora) y quizás un día se me caiga el pelo (aunque viendo mi ascendencia no creo que haya problema).

Como soy novato en esto de tener 30 no se que más decir. ¿O se me estarán atrofiando ya los enlaces sinápticos? ¡Oh my god! Supongo que tendré que empezar a cuidarme algo, comer bien, vigilar la próstata, hacer revisiones médicas (para los hipocondríacos como yo es algo que queremos y tememos por igual), tratar de hacer mejor las cosas, escribir un libro, plantar un arbol y lo otro ya se verá.

Como no me confieso ante ningún dios desde hace dos o tres lustros, e incluso en aquel momento no me acaba de convencer el rollo ese de empezar de cero al contarle mis «cositas» a un señor de túnica negra, voy a escribir, sin que sirva de precedente, un propósito para este nuevo decenio. Un propósito no es una promesa en firme, es solo una cosa que se dice en momentos de debilidad como hoy. Así pues, tras los muchos errores y faltas cometidos en el pasado, me propongo firmemente no pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión, en la medida de lo posible y mientras el cuerpo aguante. Trataré de dejar la vagancia, la dejadez, los quieros en lugar de los debos y si me atrevo, intentaré decir las cosas que siempre quiero decir y que nunca salen por mi boca.

Seguirán los monólogos, las canciones, los videos, las risas, los guiones, las fotos, los cafés y los helados, mmmm.

No quiero terminar este pequeño post sin agradecer a todos los que os habéis acordado de mi en el día de hoy, a través del clásico teléfono, del moderno sms o del futurista facebook. No soy digno.

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